dimecres, 6 de juny de 2012

El señor desnudo espera nervioso. El tiempo corre, no para. El ruido de las agujas que avanzan marcando segundos resuena por todas partes cada vez más fuerte. La gueisha se acerca con un té frío pero el señor lo rechaza y pregunta por su unicornio. [Gato negro que cruza el jardín] La gueisha se resbala. ''Dónde está mi unicornio'' pregunta el señor, inquieto. El reloj penetra en mis oídos y pide perdón ''No soy yo el que suena fuerte, eres tu que lo oye así'', aclara. Me acerco al patio. [Gato negro] Grito. Nadie me oye. Me da miedo ser insignificante en medio de ésta enormidad.Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. Puedo ver el cielo que va oscureciendo a través del techo. Incontables personas aparecen en la nada y entran apresuradas formando un murmullo incontrolable. Nadie me oye. ''¿Dónde está mi unicornio?'' Tic, tac, tic... [Gato negro que cruza] Atención! Caen lamparas del cielo. La habitación llena de luces calla. Nadie habla, es mi momento. Grito. Grito y no me sale la voz. Grito en silencio. El desasosiego me irrita. [Gato negro] El señor se levanta y corre hacia el jardín. Mata al gato. [Gato negro que muere] De su sangre, negra, sale desenfrenado el unicornio. Se va, desnudo como ha venido. Ya no hay luces. Ya no hay nadie. (La suerte depende de ti. La vida, como la ves con tus ojos, la creas tu)